Un diminuto Granito de Arena...

Este sitio es un aporte personal, como un diminuto grano de arena, para la construcción de un mundo más humano; donde habite la tolerancia y la coherencia.

Cada Ser Humano es una semilla. Cuando la semilla de nuestro Ser interior comienza su poderosa transformación, la planta creciente nace para dar frutos en el momento más preciso y perfecto.El saber alimentar esta planta con la luz, el calor y el amor incondicional, será el desafío que tendremos para lograr nuestro propósito.

Carpe diem (Aproveche el día).

Lic. Daniel Fernando Peiró
Consultor - Facilitador - Autor
www.grupodaion.com

AUTOLIDERAZGO

El Sapo CrencenSio
“EL SAPO CAMINANTE”
Autor: Daniel Fernando Peiró

Derechos Reservados
Relato extraído del Libro:
"Acerca de la Sapiencia del Sapo CrecenSio"

Se encontraba el Sapo CrecenSio en la orilla de la laguna, desconcertado. Lo único que sabía era que estaba parado al lado de la laguna; pero no tenía claro lo que quería de su vida. Tampoco sabía si irse hacia el Sur, en búsqueda de una “nueva vida” o viajar hacia el Norte, donde algunos otros sapos se habían aventurado y que nunca regresaron.

Se preguntaba si quedarse en la laguna sería una solución al problema de su desconcierto; o quizás transitar los caminos al Este, por donde se dice que nace el sol todas las mañanas; o al Oeste, donde se pierde para morir el día.

Así permaneció con su incertidumbre por mucho tiempo. Se levantaba cada jornada porque el sol no lo dejaba mantener sus ojos cerrados, ya que dormir era una manera de olvidarse de su duda existencial.

Se decia a sí mismo:
- Soy un sapo… Sólo eso… Y como todos los sapos que he conocido que piensan que la vida en la laguna es lo único que nos toca vivir, creo que ¡no queda otra cosa!...¡Qué más da…! Los sapos que se fueron no regresaron nunca; y esto supone que no les fue muy bien que digamos… Pero también siento que quedarme en la laguna no es lo único que me queda por hacer; aunque tengo algo de miedo de irme de aquí… En fin… me entusiasma poder echar mis pies al camino y descubrir cosas nuevas…

De pronto, su constante pensamiento fue interrumpido por un pájaro colibrí que, como si no tuviera alas, besaba una bella flor y seguía viaje. Luego, una colorida mariposa danzaba en el cielo, de un extremo a otro, desapareciendo.

Y volvió a pensar…
- Yo estoy parado en este mismo lugar, quejándome de no hacer nada, mientras estos otros seres se mueven… Estoy seguro que algo más hay fuera de la laguna…

No pasó demasiado tiempo en tomar la decisión de salir de la laguna y transitar los caminos que lo llevarían a alguna parte. Como no sabía qué camino tomar, cerró los ojos y comenzó a girar, girar y girar en el mismo lugar, hasta que su corazón le indicó que debía detenerse y que, al abrir sus ojos, empezara a caminar en dirección al sendero que miraba.

Así lo hizo. Caminó sin saber a hacia dónde iba. Al anochecer, encontró un árbol caído al costado del sendero. Decidió sentarse y descansar. La luna apareció silenciosa invitando a ser observada. Finalmente, el Sapo CrecenSio se quedó dormido.

El sol reinante en la mañana, los pájaros y la frescura de un hermoso día despertaron al Sapo y sonriendo estiró su cuerpo, bostezando. Continuó el viaje, esta vez atento a cada momento. Atento estaba de las flores; de las piedras en el camino; de la forma de los árboles; de los pájaros volando y de toda la mágica naturaleza.

Tardó muy poco en darse cuenta que su vida había cambiado, y que ser un sapo y sólo eso, era una mera percepción muy limitada de sí mismo. Entonces decretó:
- ¡Yo, Sapo CrecenSio, soy un sapo libre!

Vino a su mente aquellos sapos que nunca habían regresado a la laguna y la suposición de que no les había ido muy bien, fue desvaneciéndose por completo.
- ¡Soy un sapo que se fue de la laguna! – Dijo CrecenSio con voz alta y firme.

Y de esta manera, el Sapo CrecenSio sigue siendo un “caminante”. Su vida es su propio camino y el Norte fue la dirección elegida.

¿Cuántos sapos más se animarán a transitar aquellos caminos desconocidos que conducen al descubrimiento de sí mismos?


Autor: Daniel Fernando Peiró - Derechos Reservados

Suscríbase al boletín semana "Carpe diem" - Autoliderazgo - en
http://www.grupodaion.com/

AUTOLIDERAZGO

Sapo CrecenSio
"El Gran Banquete en la Cueva Dorada"

Autor: Daniel Fernando Peiró

Derechos Reservados
Relato extraído del Libro:
"Acerca de la Sapiencia del Sapo CrecenCio"

Se corrió la voz entre los sapos y ranas, de que habría un gran banquete que se celebraría únicamente para todos aquellos que pudiesen llegar a la Cueva Dorada; ubicada en un lugar desconocido en el fondo de la laguna, próxima a la comarca.

Llegar hasta la misteriosa Cueva Dorada, donde habitaba el Sapo de tres patas - personaje legendario propiciador de la Abundancia – significaba un verdadero desafío para cualquier batracio.

El valor de encontrar la cueva; poder estrechar un saludo con el Sapo de tres patas suponía, para quienes obtenían el honor, un cambio radical de vida. Una increíble transformación. Era pasar de la pobreza a la riqueza en el sólo acto de ser tocado por el Sapo de la Abundancia.

Cuando un gran número de sapos y ranas colmados de entusiasmo decidieron emprender el viaje para disfrutar del gran banquete, cayeron en cuenta que se desconocía el lugar y no se tenía información alguna de la ubicación precisa de la Cueva Dorada.

Un viejo sapo, solitario, había dedicado muchos años de su vida al estudio de la cartografía del lugar. Cada rincón de la comarca había sido observado detenidamente por el Sapo Cartógrafo. Él, consideraba que sus mapas podrían fijar una ruta precisa para llegar a la cueva, por lo que invitó a su casa - con la debida cautela del caso - al Sapo CrecenSio.

El viejo sapo hacedor de mapas, le comentó a CrecenSio que se sentía ya sin fuerzas, por su edad, para nadar con abundante oxígeno hasta el fondo de la laguna y encomendó que viviera por él la experiencia. Le dijo:

- CrecenSio, vive doblemente esta experiencia. Por mí y por ti mismo. Llegar a la Cueva Dorada ya es un reto importante. Comer del gran banquete que allí se celebra es más relevante aún. Imagina si a esto, le agregas que el Sapo de tres patas de la Abundancia te tocase y te convirtieras en un ser rico y poderoso. Yo te indicaré, según mis cálculos, el lugar exacto donde se encuentra la Cueva Dorada; pero como condición, te pido que compartas esa abundancia conmigo.

- Tu propuesta suena muy interesante, exclamó el Sapo CrecenSio.

- ¿Es justo verdad? – Preguntó el viejo sapo.

- Por supuesto que sí lo es; pero me pregunto: ¿Qué pasaría si no llego a destino?; o ¿Qué sucedería si alcanzo la cueva, disfruto del delicioso banquete y el Sapo de tres patas no me toca?. Replanteó el Sapo CrecenSio.

- Cada situación es un riesgo que debemos correr. Yo creo en mis cálculos cartográficos y creo en ti CrecenSio, como batracio que eres. Si no lo logras, simplemente no lo lograste; y si lo logras, lo habremos logrado juntos; ya que el deseo que moviliza a ambos es la abundancia. Esta riqueza nos permitirá vivir como sapos dignos. Expresó el viejo Sapo Cartógrafo.

- ¡Acepto! ¡Será un reto compartido y nos arriesgaremos!. Eso es mejor que ser esclavos de la duda que nos provocaría el no haber intentado. Dijo el Sapo CrecenSio.

El viejo sapo conocedor de cada espacio de la comarca, conservaba un secreto: cuando cada mañana el sol aparecía por el oeste, sus rayos producían un brillo magistral en el centro del lago. Esto se debía a que la Cueva Dorada recibía la luz solar; aunque nadie había investigado este fenómeno.

El Sapo Cartógrafo se levanto de la mesa donde conversaban, se dirigió hasta un estante antiguo y sacó uno de sus mapas. Sopló con firmeza para sacarle el polvo y lo llevó a la mesa. Luego de abrirlo, puso su dedo en un punto y dijo:

- ¡Aquí es!

El Sapo CrecenSio miró su mano, luego dirigió su mirada hacia los ojos del viejo sapo y, en silencio, asintió con su cabeza.

Era de esperar que hubiera un alboroto en toda la comarca con este suceso. Sapos y ranas con sed de abundancia y muchos de ellos con codicia, decidieron individualmente trazar sus propios supuestos caminos que los llevaría hasta la Cueva Dorada. ¡Nadie quería compartir la abundancia!. Sólo era necesario esperar 7 días para la celebración del gran banquete.

El anciano sapo hacedor de mapas aconsejó que, hasta llegar aquel anhelado día, realizara sus entrenamientos. Así lo hizo el Sapo CrecenSio. Todas las mañanas caminaba hasta la laguna para ejercitarse y los demás sapos y ranas reían y murmuraban acerca de lo inútil que era, ya que creían que aún no había trazado ningún camino para llegar a la cueva.

Mientras se acercaba a la laguna, se escuchaban voces gritonas que decían: ¡Deja de buscar un camino, tú eres un pobre batracio desorientado!

Todos los días, en la laguna, se zambullía con mucho aire en los pulmones, para ampliar su caja torácica y poder alcanzar el fondo de la laguna, sin desesperación.

Finalmente llegó el día de celebración del gran banquete y muchos sapos y ranas se dirigieron a la extensa laguna de la comarca, para lograr comer del banquete y ser tocados por el Sapo de tres patas de la Abundancia. Cada uno de ellos tenía su ruta prefijada, ingresaban al agua, se perdían dentro de ella. Otros, desesperados, salían a la superficie a tomar aire y regresar a las profundidades de la laguna, pero nunca encontraron el fondo y menos la Cueva Dorada.

El Sapo CrecenSio también se dirigió a la laguna. El sol pegaba sobre el agua produciendo el brillo magistral que había develado su viejo amigo, el sapo de los mapas. Así que nadó, nadó y nadó hasta llegar al centro de la laguna y desde allí, se sumergió con mucho oxígeno en sus pulmones, buscando el fondo y siguiendo el brillo dorado que provenía de lo más profundo.
La vegetación submarina le dificultó el paso, sin embargo, ya casi sin aire en su pecho, el umbral dorado estaba frente a sus ojos. Este se abrió y CrecenSio ingresó. La Cueva Dorada estaba sellada de alguna manera, ya que al cerrar el gran portón, el agua bajó y pudo respirar, como si la dorada residencia estuviera fuera del agua. No se explicaba cómo podría ser así, debido a que había oxígeno en lo más profundo de la laguna.

De a poco, comenzó a observar todos los rincones de la cueva. Una cueva dorada por fuera, pero de piedra gris por dentro. Un piso de tierra, arena y piedrecillas, paredes rocosas que generaban mucho misterio, y dos antorchas encendidas invitaban a ingresar más hacia dentro.

En el centro de la cueva, se encontraba una humilde mesa de madera con un candelero en el su centro, un plato de cerámica con un trozo de pan y una silla.

Se acercó, miró para todos lados y se sentó. El Sapo CrecenSio aguardó silencioso hasta que unos minutos más tarde, una sombra se pronunció y detrás de ella, un gran sapo de tres patas.

- Bienvenido al gran banquete en mi cueva. ¿Con quien tendré el honor de compartir mi mesa?. Preguntó el anfitrión.

- Soy CrecenSio, Sr. Sapo de la Abundancia. Es un gran honor conocerlo.

- Como verás, CrecenSio, frente a ti está el gran banquete que toda la comarca ha comentado. Señaló el Sapo de tres patas.

- Es sólo un trozo de pan, Señor... Expresó CrecenSio algo cansado y decepcionado.

- Lo sé. Y ése es el gran banquete. La abundancia suele siempre ser comentada como una ostentación, aunque el trozo de pan no es más que un símbolo de la riqueza que se encuentra en ese mismo pedazo de pan, que tienes frente a ti.

- ¿Cómo es eso Señor?

- Continúo. El pan es como un fruto. Para que ese trozo de pan esté en tu plato, hubo antes un gran proceso, una gran dinámica. Elementos que se unieron, manos que prepararon la tierra para la siembra. Manos que colocaron las semillas de trigo en los surcos. Manos que regaron esas semillas. Manos que cosecharon los granos. Manos que molieron esos granos para hacer harina. Manos que amasaron. Manos que hicieron el fuego y manos que hornearon el pan.
Lo que ves en ése plato, es el resultado de la entrega permanente. La abundancia es eso. Entregas y recibes. Es una fuerza transformadora. Respiras oxígeno y exhalas anhídrido carbónico. Dar, recibir, transformar… Dar, recibir, transformar.

- Lo entiendo Señor. Pero dime, ¿Qué tiene que ver la abundancia, el pan y todo eso, con cada uno de nosotros?. Pensé que la abundancia era ser rico y obtener lo que deseamos. Exclamó el Sapo CrecenSio.

- Pues bien. Tú eres el pan. Si deseas verdaderamente ser abundante, comienza a preparar tu terreno. Coloca en tu terreno interior las semillas de calidad y siembra en ti una nueva creencia. Cree en que tú eres un campo sembrado y fértil. Riégalas, porque si no alimentas tu nueva plantación, vendrá la sequía. Cuando cada planta de trigo nazca en ti, estarás listo para desarrollar tus talentos. Pero recuerda que el trigo necesita de permanente cuidado porque, a medida que va creciendo, está débil. Por eso debes seguir alimentando tu campo, proporcionarle luz, calor y agua. La luz es la sabiduría y tu fe o convicción; el calor son tus sentimientos y tu pasión o entusiasmo y el agua, el alimento que requieres todos los días para crecer. Cuando cada uno de los procesos evolucione, tu abundancia se irá evidenciando. La abundancia material es sólo un reflejo de tu abundancia interior. Cuando ella se manifieste y puedas tocarla, continúa dando. Este es el pan. Una permanente entrega y un permanente compartir.

Luego de su explicación, el Sapo de tres patas se dirigió hasta donde el Sapo CrecenSio se encontraba. Tocó su hombro derecho y le dijo:

- Come CrecenSio, este pan también tiene otro símbolo. Es el símbolo de la alianza contigo mismo y con la inocencia.

- ¿Inocencia?

- Correcto, tal como escuchaste. Come CrecenSio. El hecho que aceptes ese trozo de pan, es el primer paso para sentirte pleno y ser conciente de que lo que llega a tu mano, es porque verdaderamente lo mereces. Al aceptarlo, no te culpas. Y al no culparte, estás declarándote a ti mismo inocente. ¿Eres ahora capaz de ser conciente de que todo lo que llega a ti, es un estado de abundancia concreto?. Si rechazas, por más minúsculo que sea lo que recibes, estarás cortando con la poderosa fuerza que existe en el dar y recibir. Si aprendes a recibir, podrás dar mayormente. Y así, la cadena no se corta.

El Sapo CrecenSio comió su último bocado de pan y dijo:

- ¡Que pan más delicioso!.

- Es el sabor de tu ser interior CrecenSio. Ya estas empezando a disfrutarlo. Gracias por haber venido a mi gran banquete. Dijo el Sapo de tres patas y luego regresó por el mismo lugar por donde había aparecido.

El Sapo CrecenSio se dirigió hasta el gran portón. A medida que se habría, el agua fue invadiéndolo. Llenó sus pulmones de bastante aire y comenzó a nadar hacia arriba.

Al llegar a la superficie de la laguna, comenzó a nadar hasta la orilla. El viejo Sapo amigo, hacedor de mapas lo esperaba.

- ¡CrecenSio!, ¡Tu piel está dorada!, sorprendido dijo el Sapo Cartógrafo.

- ¡No puede ser!, mira mi piel, sigue verde igual que siempre. Dijo CrecenSio, algo confundido con el comentario del viejo sapo.

- Tienes razón. Por un momento creí que te habías transformado en oro… Es que ya estoy viejo y mis ojos me juegan una mala pasada. Dijo de Sapo Cartógrafo.

- Ya lo creo… Ya lo creo…


Autor: Daniel Fernando Peiró - Derechos Reservados


Suscríbase al boletín semana "Carpe diem" - Autoliderazgo - en http://www.grupodaion.com/

AUTOLIDERAZGO

"Sapo CrecenSio"
La Lluvia Renovadora

Autor: Daniel Fernando Peiró
Derechos Reservados
Relato extraído del Libro:
"Acerca de la Sapiencia del Sapo CrecenSio"


El sol había pegado muy fuerte durante mucho tiempo y la sequía se hizo presente. La tierra estaba requebrándose; la vegetación se había tornado de color amarillo amarronado; las plantaciones de los granjeros del lugar se habían perdido y las que todavía sobrevivían, estaban casi a punto de desfallecer. Muchos animales no pudieron abrir sus ojos, luego de su sueño nocturno, agobiados por la sed y el intenso calor.

Cada habitante de aquella zona tenía seca su verde esperanza y el color en sus vidas se estaba esfumando. Se pensó, entre los campesinos, quemar parte de los campos para que el humo atrajera la lluvia; pero dejaron morir la idea cuando un capataz de una granja del lugar, alertó que la escasez de agua podría provocar un incendio monstruoso, que no podría apagarse.

Las mujeres se congregaron en la iglesia y el sacerdote duplicó las misas, con la intención de orar por la respuesta divina más inmediata.

Mientras los hombres buscaban soluciones, los animales se reunieron una noche para solicitar al cielo una sabia respuesta de la Naturaleza. Grillos, mariposas, hormigas y todo tipo de insectos y animales se conglomeraron, entre los que se encontraba la comunidad de sapos y ranas, pavos, zorros y pájaros.

En la reunión, como suele pasar también con los humanos, la queja predominaba en esa noche. El pavo real estaba preocupado por que su plumaje estaba deslucido; las mariposas maldecían a las flores por estar marchitas; las hormigas - un tanto más calmadas - notaban que sus cargamentos eran sólo palos secos y nada de follaje; hasta que en un momento de la extensa conversación sin sentido, los organizados sapos plantearon una solución que renovaba la esperanza.

Los sapos son muy pacientes. Esperan, esperan y esperan, hasta que llegue el momento indicado para sacar la lengua, por lo que, en el tiempo preciso, tomó la palabra el Sapo CrecenSio:

- Señores, estamos atravesando tiempos difíciles. Todos tenemos nuestras situaciones particulares que resolver; pero hoy, y sólo hoy, nos hemos reunido aquí para encontrar una solución que nos permita continuar disfrutando de nuestras existencias. Les propongo que dejemos la pesadez de la queja y de la angustia que nos provoca esta situación, pensando de manera positiva.

- ¿Positiva? … mmmm, exclamó el zorro.

- ¡En efecto!, respondió el Grillo - que compartió el pensamiento del Sapo CrecenSio -.

- ¡Tu sabes bien que todos aquí tenemos evidencias de esta desgracia!... ¿De qué nos sirve mentirnos y pensar positivo?. En mi caso, me estoy cuestionando a mi mismo con esta situación. Me pregunto ¿Dónde está quedando mi orgullo de zorro, al no poder cazar mi presa?. Me estoy alimentando de la carroña de quienes no sobrevivieron…

- Les propongo hacer cosas sencillas. Esas cosas que muchas veces dejamos de hacer con un verdadero propósito o significado. A veces, las hacemos instintivamente; pero no las hacemos por llamado del corazón. Cosas como “Cantar”. Cantando, les aseguro, no sólo estaremos propiciando el pensamiento positivo; sino alabando a la Naturaleza que, por más que no sea notable ahora, nos ha protegido para seguir vivos en esta situación adversa; manifestó el Sapo CrecenSio a todos los reunidos.

- ¡Estás en lo cierto!, dijo el Pájaro. Cantamos porque el amanecer ha nacido, pero muchas veces no somos conscientes de ello.

- ¡Cantemos entonces!, exclamó el Grillo mirando al firmamento. ¡Cantemos como una manera de dar gracias y, mientras entonamos una canción, que nuestros corazones eleven su deseo de que llueva pronto!.

Las gargantas de la mayoría comenzaron a hacer sonidos y garrasperas, esperando que alguien comenzase su canto. Entonces, el Sapo CrecenSio dijo:

- ¡Aguarden… aguarden!, organicemos bien esto, ya que el primer fin es estar mejor, para que nuestros pensamientos sean positivos y nuestras emociones se abran, como pimpollos de rosas en primavera. Sólo así, nuestra alabanza será genuina y la Naturaleza podrá escuchar nuestro mensaje.
Los sapos y las ranas, cantaremos junto a los grillos toda la noche. Los pájaros, esperarán su turno para cuando el amanecer nazca, anunciándonos un día más de regalo para cada uno de nosotros. Los demás presentes, escucharán en silencio nuestro canto, disfrutando de la paz y mirando el cielo, mientras titilan las estrellas.

Todos estuvieron de acuerdo.

Croac, Croac, Croac; Priiii, Priiii, Priiii… Sapos, ranas y grillos cantaron como un coro magistral, toda la noche. La música se escuchó por todo el pueblo, trayendo abundante calma. Tan abundante paz y tranquilidad, que muchos en el pueblo sacaron sus sillas para contemplar el baile silencioso de las estrellas y escuchar el armonioso canto.

De pronto, en la oscuridad más profunda de la noche, el cielo quiso cantar para acompañar a los sapos, ranas y grillos; y acomodando su infinita garganta para entonar su canción, el cielo tronó. El canto de los sapos, ranas y grillos se hizo más melodioso, hasta que el agua cayó del firmamento para aplaudir, con sus gotas de lluvia, al gran concierto hecho con alabanza.

La Naturaleza trajo la lluvia; aunque en lo más esencial de su presencia, se encontraba la verdadera renovación:
“Nuestra abundancia es el reflejo de nuestros corazones colmados de Amor”.
Autor: Daniel Fernando Peiró - Derechos Reservados
Suscríbase al boletín semana "Carpe diem" - Autoliderazgo - en http://www.grupodaion.com/

AUTOLIDERAZGO

El Sapo CrecenSio
"Las Piedras en el Camino"


Autor: Daniel Fernando Peiró

Derechos Reservados
Relato extraído del Libro:
"Acerca de la Sapiencia del Sapo CrecenCio"

Un día, el Sapo Crecensio tuvo una dificultad. La lluvia torrencial había cesado pero el camino a su laguna estaba convertido en un caudaloso río.

Para llegar a su hogar, debía cruzar de un extremo al otro de ése peligroso río. Notó que dos grandes piedras sobresalían de las aguas turbias, a una prudente distancia una de otra, como pequeñas estaciones.

El Sapo Crecensio pensó:
- Si me esfuerzo, podré saltar de esta orilla hasta la primera piedra y, luego, con otro impulso llegar hasta la segunda. De allí, sólo me quedará poner un poco de fuerza para un tercer salto hasta la otra orilla.

Entonces, el Sapo Crecensio llenó sus pulmones de aire, contó hasta tres y, con un fuerte impulso, alcanzó llegar a la primera piedra o estación.

Lo que no analizó Crecensio fue que las distancias desde la orilla hasta la primera piedra; y de la segunda piedra hasta la otra orilla eran relativamente cortas y podrían ser alcanzadas con saltos dedicados y precisos; pero para acceder a la segunda piedra debía recorrer, con un salto, el doble de la distancia.

- ¿Y ahora que hago? – Pensó el Sapo Crecensio – ¡Desde la orilla, las distancias entre las piedras parecían las mismas!

Crecensio sabía que regresar a la orilla inicial era una opción que no le reportaba beneficio, ya que su laguna estaba del otro lado.

Después de pensar, pensar y pensar, tomó la decisión de saltar hacia la segunda piedra con la convicción de que lo lograría.

Se preparó, respiró profundo y con un mayor esfuerzo, pegó un salto muy fuerte. En el aire, Crecensio se fue dando cuenta que caería a la mitad de distancia, entre la primera y segunda piedra; así que casi llegando al agua y en el aire, tomó un nuevo impulso y golpeó el agua con sus patas con tal rapidez y determinación, que consiguió brincar por sobre el río y caer sobre la segunda estación.

Ya en la segunda piedra, miró hacia atrás, sorprendido e incrédulo por su logro obtenido. Minutos después, el último salto lo haría para tocar la orilla cercana a su hogar.

En la laguna, el Sapo Crecensio reflexionó acerca de la aventura vivida. Comprendió algo muy importante para toda su existencia:

1- Los obstáculos son “desafíos” que se presentan para saltar por sobre ellos.

2- Tomar la decisión de “alcanzar los objetivos”, significa ir hacia delante, dejando la idea de echarse hacia atrás o detenerse por el miedo y las dudas.

3- Cada uno tiene “talentos naturales únicos” que permiten superar las adversidades que surgen en el camino.

Autor: Daniel Fernando Peiró - Derechos Reservados

Suscríbase al boletín semana "Carpe diem" - Autoliderazgo - en http://www.grupodaion.com/

AUTOLIDERAZGO

El Sapo CrencenSio

Autor: Daniel Fernando Peiró
Derechos Reservados
Relato extraído del Libro:
"16 horas para Templar el Ser"

Una vez, antes de poblar la tierra, vino el Viento y se le acercó al ente CrecenSIo con un planteo muy difícil, tan difícil que era para toda la vida en la tierra. El Viento le dijo:
- Ahora, CrecenSIo, ha llegado tu tiempo de poblar la tierra y debes elegir entre ser sapo o ser príncipe.

Ente CrecenSIo decidió pensarlo. Se tomó un minuto de su eternidad y luego convocó al Viento para comentarle la decisión tomada.

El Viento advirtió a ente CrecenSio que luego de pronunciar la elección tomada, en eso se convertiría en ese mismo instante.

- Sí, dijo CrecenSIo, ¡Quiero ser Sapo!.

En ese preciso momento, CrecenSIo apareció al lado de una laguna convertido en Sapo.
El viento con toda su fuerza se dirigió hasta el sapo CrecenSIo diciéndole con un tono bastante agresivo:

- ¡Elegiste mal!... ¡Eres un inútil!!!... ¡Elegiste ser un sapo y perderte el privilegio de vivir como un Príncipe!.

- ¡Elegí bien Señor Viento!... ¡Elegí bien! contestó el Sapo CrecenSIo... Si hubiera elegido ser Príncipe, sólo me quedaría ser un Rey; en cambio, siendo sapo me queda toda una vida para luchar y ser alguien. Me queda la gracia de levantarme todos los días con el compromiso de ser mejor. Siendo sapo, puedo hacer mi historia, sin que nadie me regale la historia.

El viento, dejó de soplar impactado por la “sapiencia” del sapo CrecenSIo. Se quedó callado tan sólo tres segundos de su eternidad y luego, se dirigió al Sapo CrecenSIo diciéndole:- CrecenSIo, he aprendido de tu sabiduría. Por ello, como agradecimiento a ti, te concedo el don de ser príncipe cuando tú lo deseares.

El Sapo CrecenSio, lo miró fijamente y respondió:- ¡Siempre y cuando no pierda mi alma de sapo!

Autor: Daniel Fernando Peiró - Derechos Reservados


Suscríbase al boletín semana "Carpe diem" - Autoliderazgo - en
http://www.grupodaion.com/

Acerca de: Daniel Fernando Peiró


Lic. Daniel Fernando Peiró

Licenciado en Desarrollo Humano - WTS University - EUA.
- Consultor en Desarrollo Humano, Liderazgo, Méntoring y Creatividad.
- Conferenciante Internacional, Motivador y Facilitador de Cambios.
- Columnista sobre Liderazgo en revistas y medios en Latinoamérica, Costa Rica y Canarias.

Es Autor de los libros:
- "16 horas para Templar el Ser" (Autoliderazgo)
Edición Argentina 2006 y 2ª Edición Ampliada Costa Rica 2008.
-
"Clienting para Pymes" (Mercadeo - Fidelización de Clientes)
Edición 2005 y 2ª Edición 2006 Argentina.

Contacto:
Tel.Fax: (506) 2268 5834 - (506) 2268 8989.
E-Mail: info@grupodaion.com
Web: www.grupodaion.com